Lo que mi perro me ha enseñado sobre vivir más despacio

Jennifer Esteban Del Saz

Lo que mi perro me ha enseñado sobre vivir más despacio

Hay un momento que casi todos repetimos sin darnos cuenta, salimos de casa con prisa, miramos el reloj, pensamos en el trabajo, en las obligaciones, en los mensajes pendientes o en todo lo que tenemos que hacer cuando volvamos, queremos llegar rápido, queremos terminar pronto, queremos seguir con el día, pero entonces ocurre algo curioso, tu perro se detiene, huele una hoja, sigue un rastro, escucha un pájaro, levanta la cabeza para sentir el viento, se queda inmóvil observando algo que tú ni siquiera habías visto, y, sin decir una sola palabra, te recuerda algo que habías olvidado.

La vida no siempre tiene que ir deprisa.


Recuerdo que hace años yo también caminaba así, pensaba que un paseo consistía simplemente en salir para que mi perro hiciera sus necesidades, dar una vuelta muy grande y caminar mucho, con la idea de que cuanto más cansado llegara a casa, mejor habría sido el paseo.


Hoy es muy habitual ver a personas caminando con el teléfono en una mano y la correa en la otra, sin darse cuenta del mundo que su perro está descubriendo delante de ellas.


Cuando Manchis llegó a mi vida me enseñó a parar, a mirar el mundo desde otra perspectiva, a verlo desde sus ojos, y, sin darme cuenta, nuestro vínculo fue creciendo cada día. Hoy nos entendemos sin necesidad de hablar, sé lo que necesita, entiendo lo que intenta decirme y también he aprendido cuándo simplemente necesita que le deje ser un perro.Para él cada salida es una aventura, él elige el paseo, le dejo pensar, le acompaño mientras descubre el mundo, y le ayudo cuando hay situaciones que todavía no sabe gestionar.


Cada olor es una historia, cada sendero esconde algo nuevo, cada amanecer es diferente al anterior, mientras yo solo veía un camino... Él veía un mundo entero.

Vivir estos momentos con mi beagle es una de las cosas más relajantes y placenteras que puede experimentar cualquier amante de los perros, no necesitamos grandes viajes, ni lugares espectaculares, solo necesitamos tiempo, tiempo para caminar, tiempo para descubrir, tiempo para compartir, porque, al final, los mejores momentos nunca han sido los más caros, sino los más sencillos.


Hay días en los que Manchis puede pasar varios minutos oliendo exactamente el mismo rincón, hace años probablemente habría pensado: "Venga, vamos"

Ahora ya no, ahora simplemente espero, porque he comprendido que para él ese rincón no es solo un trozo de hierba, es un periódico lleno de historias, alguien pasó por allí, otro perro dejó un mensaje, un conejo cruzó el camino al amanecer, y mientras él descubre un pequeño universo invisible para mí... Yo hago algo que antes nunca hacía, respiro, escucho el viento entre los árboles, observo cómo cambia la luz y recuerdo que no todo tiene que hacerse deprisa.


Quizá por eso siento la necesidad de regalarle todo aquello que él me regala a mí cada día, me gustaría llenar su vida de experiencias, de momentos inolvidables, de lugares por descubrir juntos.

No porque necesite grandes aventuras, sino porque cada nuevo sendero, cada playa, cada bosque o cada amanecer compartido termina convirtiéndose en un recuerdo que también pasa a formar parte de nuestra historia.


Con el tiempo he comprendido que Manchis nunca llegó a mi vida para enseñarme únicamente a caminar más despacio, llegó para enseñarme a vivir, a disfrutar de las pequeñas cosas, a mirar donde antes pasaba de largo, a detenerme cuando el mundo insistía en correr, a entender que la felicidad casi siempre está escondida en los momentos más sencillos.


Dicen que un kahu es quien cuida y protege a otro ser durante su vida.


Soy la kahu de Manchis, es una responsabilidad que elegí el día que llegó a mi vida, mi responsabilidad es cuidarle, protegerle, escucharle, respetarle y darle la mejor vida que pueda ofrecerle.

Sin embargo... cuanto más intento cuidar de él, más descubro que es él quien me enseña a cuidar de mí, es mi compañero, mi refugio, mi hogar.



La persona que soy hoy también existe gracias a todo lo que él me ha enseñado.

Studio 13 nació para quienes entienden que un paseo nunca es solo un paseo, para quienes saben que la aventura empieza cuando una nariz toca el suelo y unas patas echan a andar.


Si tú también vives así, este es tu lugar.


Más allá del ruido del mundo, existe un lenguaje silencioso compartido por dos almas.


Unleash your Spirit.

Cada diseño comienza con una historia


El primer diseño de Signature nació gracias a Manchis, de un momento compartido, de una mirada, de una fotografía que, sin buscarlo, terminó convirtiéndose en una ilustración. Porque hay recuerdos que no queremos dejar guardados en una carpeta del ordenador, queremos seguir llevándolos con nosotros, convertirlos en algo que podamos volver a mirar, volver a sentir y seguir viviendo cada día.


Por eso, en Studio 13 no diseñamos pensando en seguir una tendencia, diseñamos para recordar aquello que merece quedarse con nosotros.


→ Descubrir Signature

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